lunes, 3 de agosto de 2009

LEGALIZAR EL MAL

Es un hecho fácilmente comprobable por nuestra experiencia diaria que cualquier decisión de mediana importancia está hoy sometida a numerosos factores de incertidumbre que, frecuentemente, nos dejan sumidos en la perplejidad de cual debe ser el camino correcto. – Es la consecuencia del complejo y exhaustivo conocimiento humano de hoy día que nos ha obligado a la especialización, convirtiéndonos, por otro lado, en verdaderos analfabetos en todo aquello que no entra dentro de nuestra especialidad. Actualmente, abunda el especialista técnico y el analfabeto moral.

Nos escandalizamos porque nuestros hijos ya aceptan conocer el resultado que les da la calculadora sin que les preocupen los fundamentos de la operación matemática que están realizando. Nos escandalizamos de que solo sean los resultados lo que les interesa, pero no nos perturbamos cuando tampoco nosotros conocemos los fundamentos físicos de cómo la imagen tomada por una cámara situada a cientos, o miles, de kilómetros se reproduce en nuestro televisor. Solo nos interesa ver el programa en cuestión. Adentrarnos en los fundamentos técnicos sería demasiado complejo.

Esta complejidad del conocimiento actual nos obliga a acudir muchas veces, sin reflexión, directamente, a los resultados. También, a utilizar formulas y criterios sencillos que nos simplifiquen la toma de decisiones, si queremos llevar el ritmo de progreso que nos marcan los demás.

Es aquí, precisamente, donde surge el gran riesgo en las decisiones que tomamos. Si tenemos que decidirnos por la compra de un televisor no podemos entrar a estudiar las diferentes tecnologías que utilizan las diferentes marcas, los diferentes niveles de calidad, etc. Nos tenemos que dejar llevar por las referencias de garantía e imagen de marca, de la publicidad que tenemos a mano. Esto, por experiencia, sabemos que no es siempre lo más aconsejable y acabamos pagando un sobre-precio por la excesiva y no siempre utilizada capacidad del ordenador que hemos adquirido, o las exageradas prestaciones de nuestro teléfono móvil.

Esta complejidad de la vida tiene también similares efectos adversos en la organización de nuestras sociedades democráticas. Nos presentan y compramos el producto según la imagen de partido – todos hacen sus ruedas de prensa sobre fondo azul- y técnicas publicitarias, difíciles de contrastar con lo que será la realidad, que nos ofrecen. Es más, tampoco se trata ya de publicidad, sino de la manipulación a la que estamos sometidos. Ya no hablamos de a quien compramos un televisor, sino de en manos de quién ponemos nuestras vidas, la educación de nuestros hijos, nuestra salud, el dinero que ya hemos ganado, y que ahora “prestamos” con nuestros impuestos sin que se nos devuelva con intereses. Ya se trata de palabras mayores. Aquí, el sobre-precio de falta de libertad, riesgos de salud, deficiencias en educación, costos económicos de inflación y deudas, en desempleo, etc., que en estos casos podemos pagar es altísimo.

Más que nunca, se hace necesaria una garantía de marca de verdadera confianza, unos criterios de elección sólidos pero sencillos que nos permitan valorar la confianza de quienes nos quieren convencer de que nuestro patrimonio presente y futuro está en buenas manos.

Entre otros, dos de los criterios que nos permiten, con sencillez, valorar el conjunto de las complejas situaciones a las que se tienen que enfrentar nuestros representantes políticos es su “verdadero talante” democrático y transparencia en los procesos democráticos de su responsabilidad. Talante democrático y transparencia que, como podemos apreciar hoy en día, se encuentran en grave déficit. Por eso, quizá nos pretenden vender las bondades de un déficit que siempre habíamos pensado que era algo malo…….. el tener deudas !

No le faltaba puntería al buen Juan Pablo II, ni al entonces cardenal Ratzinger.

Advertía Juan Pablo II, en 1995, en su encíclica Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida) que el riesgo de las democracias está en convertirse en “estados tiranos” si lo que son males morales se declaran legalmente como “derechos”.

El entonces cardenal Ratzinger sugería el mismo riesgo de una amenazadora “dictadura del relativismo” por la que nos cuelen el mal por el bien, ofreciéndonos sub-productos “políticamente correctos”.

Me pregunto: ¿Dónde están los defensores de la ecología de la naturaleza cuando se trata de defender la ecología humana de defensa de la vida, de la futura, y ya presente, sociedad de nuestros hijos?

Me sigo preguntando: ¿Qué garantía democrática, qué riesgo de tiranía totalitaria, de “dictadura del relativismo moral”, y por ende política, representan los partidos que actualmente nos ofrecen sub-productos “políticamente correctos” tales como el “aborto a la carta” de una ley de plazos, una “educación” para la Ciudadanía, o el “matrimonio” homosexual? los mismos que preparan las condiciones para la eutanasia …. Una respuesta sincera y objetiva no puede, ni debe, dejarnos indiferentes y pasivos.