martes, 1 de junio de 2010

PLANCHAR LA “ARRUGA”

.


Ya venía fermentándose de años atrás, pero fue en 1979 cuando el modisto Adolfo Domínguez, con su campaña publicitaria de que “la arruga era bella”, formalizó de manera plástica la revolución de los contravalores. Definitivamente, quedó proclamado el contrasentido de que “lo feo era bello”, el sentido del sinsentido. – Las implicaciones de esta inversión de valores han sido de largo alcance. El mensaje implícito en el lema comercial de que “la arruga era bella” es el de que no merece la pena esforzarse en el aseo personal porque está de moda el desaliño.

Después de treinta años, podemos dar constancia de que esta carga de profundidad a todo nuestro edificio cultural de siglos ha sido, está siendo, demoledora. – La actitud de las nuevas generaciones es la de que no hace falta esforzarse porque ya se han esforzado sus padres por ellos, y de que hay que vivir el día a día. Gracias a Dios, no toda la juventud es arrastrada a las “movidas” multitudinarias de mediocridad tan de corrientes hoy día.

Al igual que lo hizo Adolfo Domínguez con sus padres, este talante de muchos jóvenes sin formación y sin valores, ese vivir la vida al día, junto con las pobres condiciones que actualmente existen para labrarse un futuro, crea una mentalidad prêt-à-porter de masificación pública, que es justo lo que buscan algunos profesionales del poder político y económico para desarrollar una sociedad fácil de manipular, y sin aspiraciones, a la que pueda esclavizar con empleos precarios y subvenciones ¿Qué mayor despido libre que 5.000.000 de parados?

Vivir al día, por voluntad o por las circunstancias, significa tener que renunciar a todo proyecto de vida propia y al sentido de la misma. – Para Julián Marías toda vida verdaderamente humana es proyectiva. Si no hay proyecto no hay verdadera vida humana, solo existencia precaria, y todo proyecto es propósito y finalidad.

No deja de ser relevante que la madurez de una persona determine el mayor o menor horizonte de su mirada vital. Asimismo, nuestro cuerpo social, si no quiere retroceder en madurez y humanidad, tendrá que dejar de vivir al día para abrirse a un horizonte más amplio y trascendente. Tendremos que esforzarnos en desarrollar un proyecto e intentar lograr sus fines. Tendremos que recuperar la voluntad del esfuerzo, ya que sin esfuerzo tampoco hay valor. La “arruga” es el reflejo de la falta de aseo personal, es la negación del esfuerzo. La “arruga” es el icono del contravalor.

Cuando se proclamó que “la arruga era bella” se nos introdujo en la contracultura, en los contravalores, en la moda de negar todo esfuerzo, del abandono, de la desidia, de la incuria, de la desgana personal. Se nos introdujo en un propósito ajeno a nuestro propio proyecto, un propósito que todavía sigue empeñado en que renunciemos al sentido de nuestra propia vida, un proyecto de deshumanización.

Si hemos de superar esta etapa histórica de retroceso cultural que representan los contravalores, tendremos que aprender a dejarnos de adhesiones inquebrantables a siglas de partidos y proyectos de partido. Nuestras adhesiones solo lo deben ser a principios y objetivos concretos. Los partidos políticos, siendo necesarios, únicamente deben ser herramientas que nos permitan alcanzar el bien común de nuestros proyectos personales e individuales, no los que conformen y determinen cuál debe de ser nuestro proyecto de vida, ni personal ni de comunidad.

Tendremos que “planchar la arruga” si queremos progresar en la Historia, pero antes tendremos que recuperar los valores tradicionales de nuestra cultura; desterrar toda estupidez traída en forma de “memoria histórica” por el primer estulto que pueda pasar por la calle y llegar a inquilino de la Moncloa; tendremos que dejar de atender las mamarrachadas proclamadas con vacía grandilocuencia aunque las proclame cualquier "espabilao" que pueda pasar por el Parlamento, aunque sea capaz de llegar a ser su presidente; tendremos que rechazar el curso legal que hoy disfruta la mentira y la maldad disfrazadas para uso de ingenuos e infames; dejar de venerar cualquier estupidez por el simple hecho de que venga de Europa, como si en Europa no hubiera memos que dijeran memadas. En resumen, rescatar el rigor, el valor de proclamar la verdad y defender el bien, el valor del esfuerzo y la exigencia.

La arruga, aunque nos la vistan de “vice-arruga”, no deja de ser una arruga. Ya lo dice la propia palabra para todo aquel cuyo entendimiento no se haya deteriorado en exceso. Que no nos vendan la belleza de la arruga, que con el “Guernica” de Picasso ya habíamos cubierto el cupo.






2 comentarios:

María M dijo...

Ojalá fuera tan fácil de realizar como de explicar. En mi propia casa tengo un ejemplo de todo esto.

fromspanya dijo...

De acuerdo María, hay arrugas resistentes al esfuerzo que requieren estar al pie del cañón y dar tiempo al tiempo.